México

mxc

MÉXICO, de mar a mar te viví, traspasado

por tu férreo color, trepando montes

sobre los que aparecen monasterios

llenos de espinas,

el ruido venenoso

de la ciudad, los dientes solapados

del pululante poetiso, y sobre

las hojas de los muertos y las gradas

que construyó el silencio irreductible,

como muñones de un amor leproso,

el esplendor mojado de las ruinas.

Pero del acre campamento, huraño

sudor, lanzas de granos amarillos,

sube la agricultura colectiva

repartiendo los panes de la patria.

Otras veces calcáreas cordilleras

interrumpieron mi camino, formas

de los ametrallados ventisqueros

que despedazan la corteza oscura

de la piel mexicana, y los caballos

que cruzan como el beso de la pólvora

bajo las patriarcales arboledas.

Aquellos que borraron bravamente

la frontera del predio y entregaron

la tierra conquistada por la sangre

entre los olvidados herederos,

también aquellos dedos dolorosos

anudados al sur de las raíces

la minuciosa máscara tejieron,

poblaron de floral juguetería

y de fuego textil el territorio.

No supe qué amé más, si la excavada

antigüedad de rostros que guardaron

la intensidad de piedras implacables,

o la rosa creciente, construida

por una mano ayer ensangrentada.

Y así de tierra a tierra fui tocando

el barro americano, mi estatura,

y subió por mis venas el olvido

recostado en el tiempo, hasta que un día

estremeció mi boca su lenguaje.

Pablo Neruda

.

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